miércoles, 1 de marzo de 2017

Sumi-e: Taller impartido por Anna Maria Llagostera

El 14 de febrero fue el día de los enamorados del arte japonés "sumi-e". Una cita preparada por el "Ressò de japonisme" en la Sala Hortensi Güell del Centre de Lectura de Reus, guiada por la artista y maestra Anna Maria Llagostera.

El taller se iniciaba con unas pinceladas breves pero concisas, sobre la historia y la técnica artística del sumi-e (literalmente "pintura/camino de la tinta negra"). De origen chino e inspirado en la filosofía taoísta, llegaría a Japón durante el siglo XIV acogido por el buddhismo zen. Teniendo en cuenta la base moral e intelectual de este arte, la naturaleza y su observación ocupan un papel central; y la ejecución del mismo, un ritual en el que nuestra respiración y el ligero movimiento de nuestros cuerpos interactúan con el soporte que trabajamos.

La maestra Llagostera enfatizó que la práctica del sumi-e se trata de captar un instante tan frágil como sencillo, aceptando nuestra expresividad más natural y evitando cualquier acto forzoso que se aleje del "aquí y el ahora". La suavidad de sus palabras y la tranquilidad que transmitía, no solo había contextualizado el taller al grupo de 10 mujeres que asistieron, sino que había creado una armoniosa e idónea atmósfera para que se dieran los primeros trazos.

Instantánea en el momento introductorio del taller
La atención se dirigió después en las diferentes herramientas que había preparado para cada una de ellas: un cuenco transparente para la tinta china líquida, un cuenco negro para el agua, un pincel oriental y una ramita que representaba la estética wabi-sabi (inspirado en las imperfecciones que se hallan en la propia naturaleza).

Diferentes herramientas que disponía cada participante
La orquídea, el bambú, el sakura (flor de cerezo) y el crisantemo son las cuatro figuras principales del sumi-e, de las cuales y por la duración del taller (tres horas), se pudieron practicar las dos primeras en estadios diferentes para familiarizarse con esta expresividad artística.

La primera de ellas, como primer contacto, se trabajó sobre un papel de diario. Con el pincel agarrado por el pulgar y el índice, y con el codo alzado sin apoyar, se dibujaba una espiral cuadrada en el que se podía observar su profundidad a partir de de la intensidad de la tinta china, ésta se iba difuminando en función de la intensidad que se le aplicaba en el trazo. La artista guió a cada una de las participantes para que pudiesen sentir el movimiento suave, la energía y la disposición requerida.

Siguiendo el trazo de Anna M. Llagostera
Concentración y pasión unidas por el pincel
En el segundo paso, la tarea consistía en generar movimientos circulares, creando redondas y redondas laterales. Era el paso previo para realizar las hojas de las orquídeas salvajes.
Una vez dominado el trazo circular, se daba el primer paso a la representación floral completa. Unas presiones iniciales para los pétalos, un trazo espontáneo para las hojas y una adicional y seca sacudida del pincel para un ulterior dinamismo a la obra.

El jardín de tinta empezaba a florecer
Con una sensación caligráfica en vez de pictórica, se cambió el soporte por un DN4, para así poder apreciar las sutilezas. El papel satinado del DN4 permitía observar mejor el volumen de los pétalos de la orquídea. El ejercicio se repetía dos veces, absteniéndose del monitoreo en la segunda ocasión y floreciendo así la personalidad de cada una.

Sonrisas entre trazo y trazo
A continuación, el papel croquis de 100 gramos reemplazaba el DN4, ofreciendo nuevas perspectivas de la orquídea a través de su característica mate.

Nuevo soporte, nuevas expresiones
Tinta y serenidad
Satisfacción en lo austero, en lo instantáneo
Con el mismo tipo de papel, se dio paso a la ejecución del bambú; con un trazo único el tronco y con unas pinceladas sus hojas.
Ejemplo del bambú
Elaboración y asesoramiento

Atención minuciosa
Finalmente, fue el paso al papel de arroz de 16 gramos de peso que daba por acabado el taller.

Últimos instantes del taller
La agradable sensación que se respiraba al finalizar el taller fue parecida a cuando uno acaba una larga jornada de meditación. Desde mi perspectiva, es de agradecer el enorme esfuerzo de Anna Maria Llagostera por su laconismo y la cantidad de tareas que realizó en un corto espacio de tiempo en una actividad que requiere tranquilidad y continuas pausas para la reflexión. No obstante y a pesar de estos obstáculos, consiguió transmitir la filosofía del sumi-e de forma apasionada; tanto que al final no pareció un taller, sino un ritual.

Para seguir a la artista, aquí podréis seguir su página oficial ART&SUMI-E.